La noticia del momento

¿Qué está primando en los noticieros? Algo que no es nuevo pero que ha tomado visibilidad, fuerza y relevancia mediática: el maltrato hacia la mujer.

“Hombre asesina a una mujer en el centro comercial Santafé”, “El asesino de Yuri Vanesa López la maltrató durante un año por celos”, “Nuevo caso de maltrato contra una mujer en Bogotá”, “Grave caso de maltrato a una mujer en Ocaña”; con titulares así nos levantamos, almorzamos y cenamos todos los días en los hogares colombianos.

Un tema que a muchos indigna y que otros normalizan; el deseo del hombre de imponerse sobre la mujer y de demostrar su dudosa superioridad se ha manifestado en una cantidad de casos que, tan solo en Colombia, han generado la muerte de más de 200 mujeres en lo que va de este 2017.

En medio de todo esto, ¿qué es lo que más preocupa? Sucede que no solo hay violencia por parte los compañeros sentimentales de tantas mujeres, hay otra violencia que la apoya y la impulsa: la violencia institucional. Aunque se han alzado muchas voces de protesta, la inoperancia de la ley se refleja en los casos que quedan archivados en los expedientes de las comisarías de familia y las fiscalías del país.

A esa inoperancia se le suma la aceptación cultural del machismo que las mismas mujeres agredidas tienen, se ahogan en un mar de temor y silencio que no les permite dignificarse y decir no más, no más abuso, no más indiferencia.

Es claro que, sin importar el género, todos los derechos tienen que ser defendidos, pero habría que preguntarse qué pasa cuando se denuncia y el Estado falla con su indiferencia al no brindar ninguna alternativa salvo cuando la situación es tan mediática que la presión social lo obliga.

Pero mientras a la justicia le da por actuar, agilizar sus procesos y no quedarse en órdenes de restricción, las mujeres deben insistir y la sociedad debe apoyarlas. Desde la cotidianidad hay que formar una conciencia colectiva de respeto e igualdad.

Y los medios de comunicación no solo tienen la función de reflejarnos esas realidades que se viven en Colombia, su compromiso social también es educativo desde la manera como informan, no pueden ser cómplices de las ideologías que, históricamente, han legitimado la violencia de género.

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