Y, ¿la educación qué?

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

La radicación del Pliego Nacional de Peticiones que Fecode, la agremiación que representa a los docentes de colegios oficiales de Colombia, y el posible paro de maestros deja mucho qué pensar y decir de un país desahuciado en materia de educación y debajo, por ejemplo, de la media del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (Pisa, por sus siglas en inglés).

Fecode presentó 7 puntos de discusión relacionados con bienestar laboral, inversión para la educación pública, carrera docente, salud, garantías sindicales, entre otros. Así pues, se entra de nuevo en este proceso debido a la ineficiencia política reflejada en la incapacidad de brindar soluciones honestas y eficaces en los paros de docentes presentados en años anteriores, en los cuales hasta quedó inconcluso el tema de la nivelación salarial.

Muchas de las causas estructurales del débil sistema educativo en Colombia radican en lo que tanto insisten los docentes: una falta de garantías en cuanto a fuentes de financiación que estén destinadas a un país con oportunidades para niños, jóvenes y todo aquel que quiera educarse y no cuente con los recursos suficientes para hacerlo.

Y es que ni aquí, ni en ningún lugar del mundo, la necesidad de la educación debería ignorarse o estar por debajo de los intereses económicos del Gobierno, se trata de un asunto de desarrollo en miras a una Colombia que no continúe en desventaja en materia educativa.

En el país solo se destina un 4,6% del PIB para la educación, cifra preocupante que denota carencia de voluntad política para otorgar los recursos necesarios a  los docentes, quienes, junto con el compromiso de los alumnos, son la clave para un progreso educativo.

Para nadie es un secreto que por más amor que se le tenga a la docencia o a cualquier labor, se necesitan garantías sociales y económicas que cumplan una función estabilizadora sobre la importancia que representa ser maestro en Colombia.

Entonces, ¿la educación qué? es impostergable que la Secretaría de Educación escuche y cumpla con las peticiones de quienes hacen parte de un gremio que ha perdido mérito precisamente por los incumplimientos y las fallas del Gobierno.

 

El porqué de un comunicador para el desarrollo

La comunicación para el cambio social o el desarrollo es, en ocasiones, una área de la comunicación poco conocida o impulsada por quienes estudiamos comunicación social y periodismo. Es un campo de acción amplio que implica la oportunidad de llevar a cabo procesos de apropiación de una comunidad al momento de ejecutar proyectos que impulsen su crecimiento.

Darle el poder a las personas para que protagonicen sus cambios y gestionar estrategias de comunicación es un desafío apasionante, por ejemplo, para Marta Chavarriaga, Comunicadora Social y profesora vinculada a la Universidad de Antioquia.

P: Cuénteme usted qué hace como comunicadora para el desarrollo, ¿cuál es su función?

R: Un comunicador en esta área es el que acompaña y permite que los planes de desarrollo comunitario cuenten con una participación real de la comunidad que está siendo parte de esos proyectos; sucede que anteriormente a la gente se le hacían unos procesos en los cuales no tenían opinión, ahora es fundamental que ellos se apropien de los mismos de acuerdo a las características que su contexto les brinda.

P: ¿Cuáles son los principales retos que ha enfrentado en este campo?

R: Desde la Universidad tuve una serie de experiencias con diferentes comunidades, y comencé a darme cuenta de que la comunicación tiene un campo mucho muy amplio que va más allá del trabajo con los medios. Mi primera experiencia fue trabajar con el programa de reconstrucción de Armero cuando ocurrió la tragedia en 1985, yo era la jefa de comunicaciones de La Cruz Roja de Antioquia y me fui a trabajar a ese lugar, allí empecé a darme cuenta del gran reto que esto significaba para mí como profesional en estos procesos de desarrollo.

P: En su profesión, específicamente en el área de comunicación para el desarrollo, ¿qué experiencias ha tenido?

R: He trabajado con mujeres víctimas de la violencia intrafamiliar, con damnificados en diferentes escenarios del país, he realizado procesos de desarrollo campesino, soy profesora que sigo y apoyo los procesos que los chicos hacen en las comunidades, he realizado acompañamiento a víctimas de una masacre que hubo en San Carlos, etc.

P: ¿Cómo fue la experiencia específica de desarrollo con las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar?

R: Trabajé con una psicóloga y nuestra labor fue darles la palabra a las mujeres, pues ellas estaban muy angustiadas y tenían mucho miedo gracias al historial tan fuerte de violencia que han padecido; ellas no habían sido escuchadas y yo soy una gran convencida de que la comunicación tiene que partir por la comunicación interpersonal, la comunicación cara a cara, el escuchar al otro, verle sus circunstancias y situarlo en un contexto.

Entonces básicamente lo que hicimos con estas mujeres fue darles la palabra, estaban ya cansadas de escuchar teorías acerca de la violencia, pero nadie les había dado el espacio para que ellas contaran su propia violencia; les dimos la oportunidad de que dibujaran, se dibujaran a sí mismas y escribieran su historia. Esto hizo un proceso de catarsis en ellas que liberó un poco sus situaciones. Finalmente las acompañamos para que supieran y tuvieran claro cuál es la ruta que debían seguir para poder denunciar y el acompañamiento que la justicia y el Estado tiene para brindarles cuando se atreven a denunciar los maltratos físicos y psicológicos de sus esposos e hijos.

P: ¿Cómo cree que la comunicación para el desarrollo se puede relacionar con otros campos de acción como el periodismo, lo audiovisual o incluso lo organizacional?

R: Siempre le digo a mis alumnos que la comunicación para el desarrollo o para el cambio social no es un trabajo que se hace única y exclusivamente con las comunidades vulnerables porque el cambio social se da en todas y cada una de las instancias en que los seres humanos nos estamos desenvolviendo.

La comunicación para el cambio se tiene que dar también en la empresa y en las diferentes esferas donde el comunicador está aportando. Por lo tanto, no soy amiga de separar esta área de lo organizacional, se debe pensar y proponer acciones donde sea el dialogo y la resolución de conflictos lo que pueda dar la posibilidad de cambiar y de hacer una sociedad mejor.

La amnesia de los principios periodísticos

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

“El periodismo no es un circo para exhibirse, sino un lugar para pensar, para crear, para ayudar al hombre en su eterno combate por una vida más digna y menos injusta” Tomás Eloy Martínez

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Basta con ver Spotlight para darse cuenta de cómo es que se realiza un trabajo periodístico realmente basado en su razón de ser: la investigación. En esta película se cubrió una de las investigaciones más extensas con un tema que causó y sigue causando polémica con la historia controversial de los abusos sexuales realizados por los sacerdotes de Boston y con el silencio cómplice de gran parte de la comunidad.

Pero más allá de la película, lo realmente interesante es analizar la manera como se debe seguir paso a paso un cubrimiento de hechos por medio de una búsqueda incansable de testimonios, pruebas, archivos y entrevistas que calan en lo más íntimo de quien está buscando y comprobando la historia.

Y es que ese es el periodismo auténtico, real, el que no se rinde, el que no se deja manipular, el que insiste y el que, sobre todas las cosas, busca la verdad mediante el entendimiento de la información alejada del morbo.

El respeto es otro pilar fundamental, el camino a seguir dentro del periodismo no puede alejarse de las sendas de la certeza. Pero es que hay que entender que este oficio puede traducirse como un campo de batalla en el que la resignación quiere llegar para quedarse. Cuando pasa esto debe entrar entonces la valentía, esa capacidad innata de poner pasos firmes hacia el cambio de la sociedad.

Para nadie es un secreto la carencia de credibilidad que tienen la gran mayoría de los medios de comunicación, sometidos a intereses privados que marcan el rumbo de lo que se debe publicar y lo que no.  Pero ¿sirve seguir con esa mentalidad de que no es posible dar un cambio, un giro en la historia? La respuesta es negativa y remueve conciencias sobre el fundamento periodístico que está pasando por un momento de amnesia colectiva.

Junín y sus matices

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

Ahora Junín es lo que dejaron: un emblemático pasaje peatonal, un lugar cargado de historia, una historia reveladora de cambios sociales.

Una atmósfera creada por personajes y más de 300 locales comerciales. Un bulevar con mano de obra para el consumo. Algo así como un bazar oriental que alimenta los deseos de compra de los transeúntes. Un sitio con sobras pero renovado.

En el siglo XX fue el eje del comercio. El sitio de encuentro perfecto para todos, para tejer y contar historias.

Una calle escrita y contada que ahora tiene más asfalto y más olvido pero que aún conserva un ineludible bombardeo de colores. Una cacofonía de sonidos. Vendedores que alzan sus voces para ganar la atención. Músicos intentando lo mismo y los indigentes, también.

En Junín se respira lucha. Es caos absoluto. Un caos de colores. Un caos de olores. Es también vida cotidiana. Es aún la calle de muchos para salir a “juniniar”. Para caminar sin prisa por el eje de la antigua vida social de Medellín. Por el antiguo corazón de Medellín.

Junín es un retrato de la vida, un retrato de ciudad. Es el “rebusque” en su máxima expresión. También es, para comerciantes, un contrato con la inseguridad. Un ejemplo ilustrativo del paso de los años.

La mirada se dirige hacia varias direcciones. Un vendedor de minutos. Un vendedor de zapatos. La señora que vende jugos. El niño indígena sentado en la acera con su mamá. El saxofonista que busca monedas. El indigente con mirada afligida. La señora que va de afán agarrando fuertemente su bolso, insegura. El señor de mayor edad sentado mirando al cielo. El que está dormido en una banca. La paloma que busca con ansias las harinas que dejan los que salen de El Astor, etc.

Aquí la cultura palpita fuertemente, a un ritmo acelerado se van evidenciando vidas y personalidades. También se evidencia todo un patrimonio histórico de una ciudad que ha avanzado, ha crecido, ha cambiado.

Junín es una intersección de historias antiguas y contemporáneas. Es un testigo directo de quienes lo han caracterizado y definido, es testigo de emociones, afanes, sentimientos y frustraciones.

Por la noche, es todo un contraste comparándolo con el Junín de antes a esas horas. Hay indigencia. Hay prostitución. Hay horror. Como en todas las calles del centro, cuando el agite del día ha pasado, entran esas situaciones para apoderarse del lugar, para darle ese matiz de penuria que nadie ha podido borrar.

Y es que hay cosas que perduran y otras que se van, pero a Junín, a pesar de sus cambios, nadie le quitará el lugar que tiene en la memoria colectiva de una ciudad que lo disfrutaba y lo disfruta. Una ciudad que recuerda con añoro esas antiguas maneras de recorrerla y sentirla pero que ahora ofrece nuevas alternativas para no dejar de hacerlo y para distinguir sus matices, que van, en el caso de Junín, desde 1940 hasta el momento.

Fernando González como un legado multifacético

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

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Es preciso comenzar contando quién fue Fernando González, quién fue este tipo del que muchos hablan reflejando su admiración. Fernando González es considerado como uno de los filósofos más originales de Colombia, pero decir que fue únicamente un filósofo es quedarse corto en la definición merecida de este personaje, pues se desenvolvió también como escritor, abogado, cónsul y juez, en definitiva: un hombre muy polifacético, capaz de introducir al lector en sus pensamientos, haciéndolos apasionar y frenar a ratos el ajetreo de la vida. Fernando nació en Envigado el 24 de abril de 1895 y murió el 16 de febrero de 1964 a eso de las siete y media de la noche, cuando un infarto acabó con su vida.

Su espíritu rebelde y único, lo convierte sin duda en un hombre que sirve de referente de la literatura colombiana, un hombre que mediante sus libros rompió todo tipo de esquema de los géneros literarios, filosóficos, sociológicos etc., como decía Carlos Jiménez Gómez en Un camino hacia nosotros mismos: “Fernando González, era extraño a la preocupación de un estilo, inclusive a la obsesión de toda forma literaria y de la misma “literatura”, enemigo de ésta, va hilvanando sus páginas con reflexiones de pensador que piensa cómo los árboles renuevan sus hojas, sin imaginar que hay alguien para quien existe el paisaje, como un verdadero atormentado de todo…” Fue entonces una persona que no tuvo nunca canales literarios establecidos, ¡era tan original, tan inédito! Con seguridad, cualquiera que antes no tenía ningún acercamiento a Fernando González, y comienza a introducirse en su mundo se da cuenta de su escritura “de flujo”, una escritura genial en la que la argumentación, el monólogo y la narración comparten el mismo escenario: esas páginas que permiten al lector encontrarse con su identidad, consigo mismo; así como el mismo Fernando en su libro Viaje a pie, decía: “No aspiremos a ser otros; seamos lo que somos, enérgicamente. Somos tan importantes como cualquiera en la armonía del universo. Todos los seres pueden ser igualmente hermosos.”

Así pues, la mirada del mundo de Fernando González se destacó por ser realmente verdadera, auténtica, trascendente y genuina. Resaltó sin duda por la profundidad de sus escritos, por esa forma de ser y de escribir cargada de humor, de ironía, de análisis e interpretaciones, una peculiaridad beligerante que conmueve y apasiona, es eso lo que genera pensar y leer a Fernando González: pasión, y una energía vital.

A este ícono de la literatura, le tocó vivir en medio de una sociedad caracterizada por situaciones muy importantes y cruciales en la historia colombiana, tales como: la masacre de las bananeras; la danza de los millones; las huelgas petroleras; el tiempo en el que en nuestro país aumentó la deuda pública al dotarse de carreteras, ferrocarriles etc., todas estas situaciones críticas permitieron que el habitar del mundo de Fernando González se basara en la pretensión de dejar a la sociedad ideas y mensajes justos y rectos para la construcción de una Colombia futura, por eso, sus pensamientos plasmados en el papel, se centran en el hombre de este país, en su identidad, su expresión, sus esfuerzos y su capacidad de expresar vitalidad y rebeldía, afirmando que la vida es el valor más grande del ser humano.

Tener sed de justicia, pensar, reflexionar y ver más allá de las cosas es lo que nos permite Fernando González en sus obras; además, se inspiró en Nietzsche para realizar sus críticas a la Colombia tradicional, porque en él encontró a ese predicador de la energía (que es tan fundamental), gracias a él nace en Fernando una concepción del pensamiento como arma afirmadora de la vida, en cuanto a esto, piensa que Colombia es el «comunismo ideológico» porque  carece de ideas propias.

Ese era él, una persona crítica frente a un país devastado por sus conflictos, una persona que pretendió crear una visión orientadora, una esperanza y una invitación a nosotros, sus lectores, a desarrollar un pensamiento que no acepte todas las imposiciones de un mundo que necesita de la capacidad de atisbar a la verdad, la importancia que Fernando le da a ésta se evidencia cuando escribió alguna vez en El remordimiento: “Desde niño estoy buscando la verdad (…) Desde la infancia he vivido meditando, parado en los rincones o al pie de los árboles.”

Vemos pues, que Fernando González, ha dejado un aprendizaje y un recado hermoso, casi mágico. Fue un escritor imprescindible, que supo reflejar su realidad interior sin mentiras ni tapujos; un crítico social difícil de destruir, un educador revolucionario… En fin, esencial.

El hacktivismo: un régimen digital

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

 Finalizando los años 80 hubo una gran revolución, la expansión de las TIC (las Tecnologías de la Información y la Comunicación) comenzó a dominar el ámbito digital mediante una nueva dimensión cultural denominada cibercultura, que da como resultado una infinidad de cosas posibles mediante el internet y la vida online.

Este ciberespacio es un universo de redes numéricas que se ha constituido en el lugar de encuentro de la cultura contemporánea, lugar de conflictos mundiales y nueva frontera económica y cultural (Pierre Lévi, 1999).

En We Are Legion: The Story of the Hacktivists se denotan algunos de esos conflictos que pueden existir mediante la narración de la historia de Anonymus, uno de los grupos con mayor influencia en los últimos tiempos. Anonymus se autodenomina un activista y protector de la libertad de expresión especialmente cuando dicha libertad o privacidad se ve afectada en internet; pero en la otra cara de la moneda el grupo ha sido llamado criminal desde que surgió, y a sus integrantes los han caracterizado como “Hackers con esteroides”.

En el documental, por medio de entrevistas a expertos de las telecomunicaciones y a miembros de Anonymus, se nos permite conocer cómo fue que se estableció esa cultura online con imágenes extravagantes e irrisorias que comenzaron en un foro llamado 4chan y que luego pasaron a convertirse en bromas mucho más pesadas dirigidas a entidades gubernamentales y privadas.

De esta manera fue surgiendo el Hacktivismo, un término designado para explicar a los hackers que hacen activismo político a través de internet, este concepto es de una naturaleza cambiante en cuanto a protestas, tácticas y prácticas.

En We Are Legion se sigue la imponente evolución de este colectivo de hackers que es ahora un movimiento global, cuya única arma online es la desobediencia civil.

Y es que las maneras de apropiarse, de acceder y de transmitir información han cambiado gracias a la creación y dispersión de nuevos fenómenos como los hackers, que, según el sociólogo y economista Manuel Castells, son una de las fuentes esenciales de la invención y continuo desarrollo de Internet.

Los hackers son la cara de la disidencia, piratas informáticos o simplemente ciudadanos indignados que están redefiniendo la era digital con herramientas y métodos de irrupción que nos hacen plantearnos una de las más grandes cuestiones de la web sobre la permanente tensión entre libertad y seguridad.

Para nadie debería ser un secreto la actual vulnerabilidad de los gobiernos frente a los sistemas informáticos manejados por grupos como Anonymus o por personas independientes, es tanta la presión que tienen que deben buscar protegerse mediante la regulación y la represión, dejando de lado las necesarias medidas para la autoprotección tecnológica de la sociedad.

Este panorama en el que el Estado se ve en riesgo gracias a los hackers no está alejado de la realidad colombiana, el pasado domingo 2 de octubre mientras se realizaba en el país el Plebiscito para decidir si acabar o no el conflicto con las FARC se presentó en Medellín el caso de un joven, cuyo usuario online es “Oroboruo”, que realizó un ataque informático a la página de la Registraduría Nacional del Estado Civil, ocasionando que cientos de usuarios, al momento de ingresar al sitio, se encontraran con que su documento de identidad estaba inhabilitado por pérdida, por expedición e incluso muerte.

Lo anterior, quizás en forma de protesta o rebelión contra el gobierno, pues el hacker, según declaraciones de la Policía, ya había ocasionado 3.196 ataques contra 1.374 dominios web asociados a entidades del Gobierno Nacional, entre ellas la Presidencia de la República y algunos ministerios.

La cuestión de fondo de esta situación y de lo que nos muestra We Are Legion es el tratamiento que ahora se le está dando a la información en un mundo online que afecta al offline, carente, muchas veces, de acciones concretas desde el punto de vista social y legal frente al régimen digital que están imponiendo los hacktivistas y que no debería verse desde el maniqueísmo.

Medellín, ciudad modelo en protección animal

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

La ciudad marca la pauta como uno de los lugares que más protege a los animales en el mundo.

Gracias a la representación que lograron los animalistas en el Concejo Municipal de Medellín, se pudieron implementar proyectos que destacaron a la ciudad como un ciudad tolerante frente a otras del país que han implementado métodos como el sacrificio y la criminalización de animales callejeros.

En la capital antioqueña se ha establecido un “trípode fundamental” que incluye campañas para la adopción, la tenencia responsable y la esterilización masiva a través de la Unidad Móvil de Esterilizaciones gratuitas para caninos y felinos de estratos 1, 2 y 3. También se ha creado un Escuadrón Anticrueldad Animal (EAA) de la Policía Metropolitana para rescatar a los que se encuentren en situaciones vulnerables.

A la gestión que se ha venido realizando por los animales se unen todos los esfuerzos de fundaciones y activistas ya mencionados para crear una conciencia social reflexiva en torno a la aceptación de los perros y gatos callejeros como un problema cuya salida implica el compromiso de muchos.

El premio de ciudad modelo en materia de protección animal tuvo lugar en el 2012 cuando la fundación Suiza Franz Weber, que lidera gran cantidad de campañas animalistas de todo el mundo, le dio este reconocimiento a Medellín debido a su sensibilización con el tema y a la inversión económica en múltiples campañas.

La ciudad ha ido creando tal conciencia de la importancia del respeto y la protección de animales que, aunque hayan temas por mejorar, ya es irreversible al avance y la impronta de Medellín a nivel mundial en materia de bienestar animal.

La voluntad política también ha hecho posible los logros que se han obtenido hasta el momento, el reto está en no abandonar los programas educativos y la pretensión de seguir estableciendo una cultura de amor encaminada a proteger a los animales.

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El contraste de la transformación urbana

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

El Parque Lleras es fruto de un cambio urbano y cultural, de un proceso de metamorfosis que ahora define el lugar y permite encontrar en él diversidad en todos sus aspectos y personas que lo caracterizan de día y de noche. “Un rumbeadero cargado de historia” así lo define Gonzalo Ruíz, un artesano que ha dedicado muchas tardes de su vida a exponer y vender sus obras en el parque.

El Lleras está ubicado en la comuna 14 de Medellín, en el barrio el Poblado, entre las carreras 37 y 39 y las calles 9 y 9ª, hace parte de la denominada “Zona Rosa” de la ciudad. Fue construido por el Banco Central Hipotecario (BCH) y por su gerente, Julio Eduardo Lleras, en los años 30. En honor a su apellido surge el nombre del parque, un parque lleno de elementos naturales y físicos (como sus monumentos y sus grandes árboles) que recibe a diario todo tipo de personas que se apropian de sus espacios.

En sus inicios, fue un barrio residencial, uno de los más tradicionales de Medellín, el BCH construyó cerca de 45 casas que fueron vendidas a familias de clase media por un valor de 3 mil a 8 mil pesos según sus posibilidades económicas del momento. Raúl Zapata Uribe, quien vivió allí durante 6 años, asegura que era un barrio tranquilo, un buen vividero y que, además, “casi nadie tenía carro, tocaba viajar en camionetas del transporte público”.

Pero la transformación urbana llegó junto a un hecho trágico, el 17 de mayo del 2001, el Lleras fue víctima de un atentado terrorista cuando un carro bomba explotó a las diez de la noche, convirtiendo ese día, un jueves, en la peor pesadilla del lugar; 8 personas resultaron muertas y más de un centenar quedaron heridas, entre ellas algunos niños, vendedores ambulantes y quienes se encontraban en los cafés tradicionales que existían alrededor del parque.

Los cambios llegaron también con la aprobación masiva, por parte de la alcaldía de Medellín, de licencias sobre usos de suelo para inmuebles comerciales en la zona; ahora el Lleras dejaba de ser ese barrio residencial y comenzaba a convertirse en un importante sitio comercial y círculo social, contando en la actualidad con más de 100 locales entre bares, restaurantes, hoteles y las infaltables discotecas. La desolación del 17 de mayo fue reemplazada por el empuje paisa que convirtió al sector en un ícono turístico, gastronómico y de rumba.

Y es que este parque es uno de día y uno de noche, ofrece variedad para todo tipo de gustos. En el día, la tranquilidad se apodera del ambiente; en semana, el parque es visitado por ejecutivos que salen a almorzar; menores de edad; colegialas del Palermo de San José cuyo paso por el Lleras es, para algunas, obligado para llegar a sus casas; artesanos ofreciendo sus productos; pintores exponiendo y vendiendo sus obras y extranjeros, muchos extranjeros. Hay estadounidenses, peruanos, chilenos, mexicanos y hasta irlandeses.

Llega el jueves, y es la apertura esperada del fin de semana, es el tan anhelado “juernes”. Cae la tarde, el sol se oculta y la música está lista para hacer vibrar cuerpos y corazones. Los artistas que venden sus cuadros, cogen su rumbo lejos del parque, se ha acabado su jornada laboral; las discotecas se preparan y se ponen un traje atractivo para todos los turistas, jóvenes y adultos. Paul Lee, un estadounidense que visita el Lleras en la noche, afirma: “acá disfruto de las mejores fiestas, de la mejor rumba de esta ciudad”.

La alteración en el ambiente es imposible de ignorar, las luces se encienden y los vendedores ambulantes, con sus pequeñas cajas rojas y azules, están listos para poner a producir su “tienda portátil”, donde el cigarrillo es el producto más vendido.

Quienes buscan la rumba, comienzan a pasearse por las calles reconocidas pero también peligrosas del Parque Lleras, las tapas de los contenedores son robadas permanentemente; también, hay caminos con luces muy tenues que dan pie a la inseguridad y dinero a los amigos de lo ajeno.

Las mujeres llevan tacones, ropa atractiva y un maquillaje intacto que en horas de la madrugada, parece nunca haber existido; los hombres, por su parte, llevan ropa más informal que ellas, pero todos con un denominador común: las ganas de ocio que sobrellevarán con el consumo para satisfacer sus necesidades biológicas nocturnas y su cita con el alcohol.

En definitiva, el Parque Lleras no representa únicamente uno de los sitios turísticos más visitados de Medellín, es una muestra de la sociedad posmoderna, una muestra de lo que se vive en la ciudad, de cómo se vive y de quiénes lo viven. En un sitio que encarna el contraste y el proceso de la trasformación urbana que ha tenido esta zona; es un espacio de  encuentro para prácticas estéticas y artísticas, para salir a tardear o a bailar, para disfrutar de una amplia oferta gastronómica y, sobre todo, para visitarlo sin ignorar su historia.

Iniciativa por y para jóvenes conscientes

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

El grupo juvenil Farah, de la vereda El Limonar 4 de San Antonio de Prado, brinda en la actualidad un acompañamiento permanente a los jóvenes, para combatir la problemática social del corregimiento basada en la drogadicción y la delincuencia por medio de “combos”.

A través de actividades culturales y talleres enfocados al fomento de valores y principios, Diana Patricia Álvarez coordina Farah (alegría, en árabe). El grupo cuenta con 42 jóvenes que promueven un trabajo social enfocado a su formación como parte integral de la sociedad.

Desde el mes de abril del 2011 y gracias a la entrega de edificios por parte del municipio a El Limonar 4, se vio la necesidad de incentivar la creación de Farah, con el propósito de enfocar a los jóvenes en aspectos positivos. Diana Patricia asumió la dirección en octubre del 2013, comenzó reuniéndose con tan solo 10 personas de 14 a 29 años. Más adelante, la cobertura del grupo abarcó también a menores de 10 años en adelante.

El parqueadero del edificio El Limonar es su punto de encuentro desde que el proyecto está en marcha. Diana asegura que “ya se tiene todo un proceso muy conformado. El año pasado nos hicimos acreedores al estímulo de la Secretaría de la Juventud por millón quinientos para realizar un proyecto basado en la celebración de la Navidad: ‘una Navidad sin pólvora’; el objetivo ahora es luchar para que tengamos una sede, un espacio propio”.

Además, Farah no solo se proyecta en El Limonar 4, sino también en otras veredas de San Antonio de Prado, pues está abierto a todos los jóvenes que quieran ingresar. El grupo se reúne los viernes de 7p.m. a 9:30p.m.

Por su parte, Leidy Marcela Durango, integrante del proyecto, asegura que “es importante que los jóvenes estemos ocupados en cosas buenas. Además, he aprendido convivir sanamente, a trabajar en equipo, a entender que todos somos diferentes y que la tolerancia es muy importante”.

Así pues, Farah consiste en una iniciativa juvenil que va en pro del mejoramiento de la sociedad y que, tal como lo asegura su directora Diana, busca demostrar que los jóvenes no hacen parte del problema, los jóvenes son la solución.

Rostro del transgenerismo

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

A sus 23 años, Sofía Hernández ejemplifica la lucha constante de la comunidad LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgeneristas e Intersexuales) para traspasar las fronteras de género e ir más allá de los parámetros y estigmas sociales.

Sofía antes era Bryan, pero de él no hay muchos recuerdos. A sus 4 años comenzó a sentir que ese cuerpito de niño blanco, peli negro y delgado no era suyo, que estaba “atrapada en el cuerpo equivocado”, que estaba encerrada, que necesitaba huir. Siempre jugaba con muñecas y con las niñas; soñaba con cuentos de hadas y con princesas rescatadas por hombresitos valientes; nunca tocó un balón de fútbol.

A su madre la llamaban preocupadas las profesoras del colegio, le decían que Bryan no era normal, que sus actitudes se parecían más a la de las niñas, que lo llevara al psicólogo, que necesitaba ayuda. Pero ella se alejó de los prejuicios y decidió apoyarlo, en su casa también notaba que su hijo, en un futuro próximo,  sería su hija. De su papá conserva algo curioso, se le murió cuando apenas tenía 8 años, pero él supo, antes que todos, lo que pasaría; sus actitudes se volvían tan evidentes que comenzó a decirle a su hijo “mi niña”, porque siempre quiso una mujersita e, intrigantemente, la veía en Bryan. “Murió sabiendo que yo sería así”, asegura Sofía con una sonrisa fortuita.

Iba creciendo y la situación se tornaba cada vez más difícil al identificar en su interior esa falta de congruencia, ese conflicto de género… algo le decía que no pertenecía al sexo al que se le obligaba pertenecer; todos los días rechazaba el trato social que se le daba, sentía confusión, incomodidad y frustración.

Los profesores y alumnos de su mismo colegio se cuestionaban: “¿Por qué se viste así? ¿Por qué habla así? ¿Por qué asume estos roles?”, comenzaban siempre a hacer suposiciones y a buscar explicaciones por su comportamiento.

Pero su vida dio el giro que el destino le estaba preparando, hasta los 14 años fue su adolescencia como niño, aunque ya vestía con ropa estrecha y el pelo largo. Comenzó a ir, junto a su mejor amigo, al Parque de los Deseos, punto de encuentro de la comunidad LGBTI, fue en ese lugar donde, por primera vez, notó que podía cambiar su cuerpo, ser diferente, ser mujer.

Otras personas trans empezaron a motivar a ese Bryan que estaba a punto de desaparecer, le decían que su cara y su cuerpo se prestaban mucho para feminizarse, que lo intentara.

Ante la necesidad de sentirse acorde con su mentalidad y su sentir, comenzó a los 14 el proceso de transformación con su mejor amigo, empezaron a administrarle hormonas a sus cuerpos, anti andrógenos que cumplen la función de redistribuir la grasa, frenar el desarrollo de rasgos masculinos y favorecer la aparición de los femeninos, entre ellos, las facciones de la cara y el tono de la voz. Bryan iba convirtiéndose en Sofía.

Hasta hoy, han sido 8 años en los que, diario, debe tomarse un anti andrógeno para seguir el largo camino en búsqueda de su identidad como mujer, un camino que le ha traído satisfacciones, alegrías, decepciones y  discriminaciones.

Dentro del contexto de las discriminaciones ha vivido una lucha constante; todo el tiempo recibe miradas intimidantes, comentarios imprudentes e insultos que van desde marica hasta puta; personas que en un centro comercial, en un restaurante y hasta en un cine, parece que vivieran encapsuladas en un mundo aparte y que no comprendieran que existen modos de ser distintos a los establecidos y tradicionales.

Sofía tiene algo peculiar, a diferencia de otras personas transexuales, a ella le gusta decir que lo es, incluso, prefiere advertírselo a los hombres que se le acercan, por ejemplo, en una noche de rumba en el Parque Lleras para bailar; algunos se quedan sorprendidos y se alejan, otros la insultan y a otros simplemente no les importa y deciden bailar toda la noche con esa mona alta que siempre se viste con grandes escotes.

Hace 8 meses, en una de esas salidas al Lleras con sus amigas,la sacaron de una discoteca, los organizadores le dijeron que debía irse, que sus amigas entraban pero ella no, que varios clientes se estaban quejando porque “¿qué tiene que estar haciendo un man disfrazado de vieja en una discoteca?” Esa noche,  la impotencia  y la decepción tomaron un papel protagónico, estaba siendo víctima de los estigmas de una sociedad que no acepta, que no incluye, que no tolera. Anécdotas como esta le sobran, pero convicción para superarlas, también.

En toda esta historia, no tan dramática como la de otros trans que han vivido más discriminación, Sofía se siente afortunada por dos razones principales; primero, tiene a su mamá que es su luz, su centro, su cable a tierra. Ella la apoya de manera incondicional y la hace feliz saber que su hija tiene la capacidad de no dejarse afectar por el qué dirán de los demás; y segundo, cuenta también con el apoyo de su novio, con el que lleva un año y medio.

Para algunos será difícil creer y aceptar que un hombre se fije y se enamore de una persona transexual, pero él se enamoró de Sofía, de sus virtudes y de sus defectos.

Y es que Sofía no pide perdón, puede estar consciente de sus equivocaciones pero no lo hace, le gana el orgullo y prefiere hacerse la víctima para no tener que hacerlo; también, es prepotente en ocasiones, en especial en su casa, donde vive con su mamá y con su hermana menor, a quien cuida todas las tardes.

Sofía es, en definitiva, una muestra de lo que significa el hecho de tener que asumir un rol diferente en la sociedad porque se nace con un inconformismo inevitable, con un conflicto de identidad de género imposible de ignorar.

Aunque el ser mujer, para ella, va más allá de la corporalidad, continúa su vida haciendo esfuerzos para “armonizar” cada vez más su cuerpo, espera realizarse una cirugía plástica de senos y de nariz, y espera, sobre todo, conservar el apoyo y la presencia de su mamá, su hermana, su novio y su mejor amiga. Sofía vive la grandeza de ser feliz con lo que es, con lo que piensa y con lo que dice. Busca superar  las barreras impuestas por un mundo que patologiza, que pone como enfermedad la condición transexual; un mundo que no comprende que es, simplemente, una condición humana.