El sentir de un animalista arrepentido

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

“No me alcanzará la vida para agradecerle a ‘Terciopelo’ el favor que me hizo” así piensa Álvaro Múnera, ex torero; concejal de Medellín y ahora símbolo de la defensa de los animales, al referirse al toro que le dio un rumbo diferente a su vida cuando, el 19 de noviembre en 1985, le propició una cornada y lo dejó parapléjico. Hoy Múnera, más conocido como ‘El Pilarico’ defiende con fuertes argumentos la importancia de proteger a los animales.

Lunes, 10 de la mañana, me dirijo al Concejo de Medellín, con expectativa e intriga, con la curiosidad que se necesita para conocer a alguien como Álvaro Múnera, una persona con alta convicción dentro de su lucha animalista.

El ingreso es sencillo, me abren la puerta de la oficina e inmediatamente se presentan ante mis ojos muchas imágenes de animales, hay gatos, tigres, delfines, perros, elefantes, micos, caballos, etc; también, grandes carteles que rechazan la tauromaquia, el mal llamado arte de jugar con la vida de un toro.

Me perdí en ese ambiente, en lo cálido que resultaba ser esa oficina del concejo. Tomé asiento  por unos minutos y llegó Álvaro Múnera, en su silla de ruedas y con una gentileza que se percibe fácilmente. Comenzamos la entrevista y parecía que no estábamos solos, nos acompañaban los animales plasmados en las paredes.

A usted lo reconocen como “El Pilarico”, ¿cómo surge este apodo?

“Desde que yo tenía más o menos 9 años, me mudé con mi familia al barrio La Pilarica, empecé a torear a esa edad y todos mis amigos del barrio iban a verme, para que a ellos los identificaran como mis amigos, empezaron a gritar “Pilarico” “Pilarico”, y así me quedé”.

¿Cómo nació su afición por las corridas de toros?

“Yo heredé la afición taurina de mi padre, para él, los toros eran su vida y nos llevaba a mis hermanos y a mí, desde los 4 años, a todas las corridas, yo crecí con eso, era pan de cada día en mi casa”.

Cuénteme de las sensaciones que tuvo al recibir la cornada por parte del toro que lo dejó parapléjico y lo alejó se su vida como torero a los 18 años.

“Cuando el toro me cogió, me partí la quinta vértebra cervical, tuve trauma craneoencefálico y lesión medular completa. Yo sentí un corrientazo frío y el cuerpo se me perdió, no podía ni ver, ni hablar, solo escuchar; incluso pensé que estaba muerto”.

¿Cuándo y dónde comenzó a cambiar su percepción sobre las corridas de toros?

“Yo estuve primero en recuperación en España, allí el proceso no avanzaba, a los 4 meses me trasladaron a Miami, mi transformación se da en ese lugar, cuando llego a un país que no concibe que todavía exista un pueblo que se divierta torturando y matando animales. Yo enfrento esos pensamientos cuando, al contarle a las personas lo que me pasó, me miran como si fuera un psicópata, un asesino, un violador…todo influyó para darme cuenta de que el equivocado era yo”.

¿Tiene algún momento o alguna frase que considere que lo ha marcado para siempre durante su estadía en Miami?

“Sí, una vez una compañera del hospital me invitó a comer a su casa con toda su familia, cuando llegamos donde una tía de ella, mi compañera le dijo: ‘Tía, él es Álvaro Múnera, un torero que vino de España y se accidentó, quedó en silla de ruedas por una cornada’, de manera inmediata esa señora se quedó mirándome con unos ojos brillantes e intimidantes y, sin pensarlo dos veces, me dijo: ‘¿Sabe qué? Me alegra mucho que esté en esa silla de ruedas, ojalá nunca se levante de ahí, usted es un bárbaro, cruel, asesino’, yo no le respondí, pero sí interioricé eso y le di toda a razón, porque así es, hay crímenes que no tienen forma de ser reparados y esos son los que yo he cometido”.

Con la mirada siempre esquiva, tal vez reflejando timidez a pesar de su condición de político, iba respondiendo mis preguntas y dándole un tono muy conversacional al asunto, me hablaba como si me conociera desde hace un buen tiempo.

Entrando en otros aspectos, ¿qué es para usted la política, cómo la concibe?

“Para mí la política es una fábrica para materializar sueños. Hay gente que trabaja mucho para llegar acá, nosotros llegamos acá para trabajar mucho, a pesar de las críticas”.

Hablando de críticas, a usted los taurinos lo catalogan de “traidor” por unirse a la causa animalista y defenderla en su carrera política, ¿ha tenido que enfrentarse directamente con ellos? ¿Cuál es su pensamiento al respecto?

“Todo el tiempo, incluso me han amenazado de muerte, no me han matado porque no le quieren poner un mártir a esta causa. Cuando tomé la decisión de hacer pública de conversión y mi ‘salida del clóset antitaurino’ (sonríe) los amantes de las corridas me empezaron a ver como su enemigo y como un traidor, pero les doy la razón porque eso fue lo que hice, traicionar la crueldad”.

¿Cuáles han sido los momentos más difíciles en esta lucha por el bienestar animal?

“Los debates con los caballistas por la eliminación de las cabalgatas en la Feria de Flores y el proceso de erradicación de los cocheros. Recibimos muchas críticas e insultos”.

Era momento de darle un giro diferente a la conversación, quería conocer otros aspectos de Álvaro Múnera, quería entrar a conocer su carácter, su personalidad y sus gustos.

Cuénteme, ¿cuál es su recuerdo más emocionante?

“Yo tengo una hija llamada Isabel, la adopté con mi esposa y ahora tiene 12 años, el día en que me la entregaron fue el día más feliz, no tengo cómo describirlo”.

¿A Isabel, le ha inculcado ese amor por los animales?

“Sí, ella inclusive se hizo vegetariana desde los 6 años gracias a mi ejemplo”.

¿Alguna frase que lo identifique?

“Una de Gandhi: ‘La cultura de un pueblo y su progreso moral deben medirse según el trato que le dan a sus animales’”.

¿Qué lo hace feliz, aparte de luchar por el bienestar de los animales?

“Espiritualmente es eso y nada más, para mí lo más grande es la causa animalista; materialmente me gusta y disfruto mucho del fútbol americano, en Estados Unidos me hice fanático enfermo de los Delfines de Miami, gozo bastante con sus partidos, eso es casi que una religión”.

Para finalizar ¿qué significa para Álvaro Múnera esa silla de ruedas?

“Significa un maestro impresionante porque tú ves el mundo muy distinto, aprendes a valorar, esta silla de ruedas me enseñó a asumir como propio el dolor ajeno y también me bajó del pedestal de orgullo en el que estaba”.

 

Así finaliza la entrevista con el Concejal Defensor de los Animales, él, con un poco de angustia, asegura que ni viviendo dos veces puede devolverles a ellos todo el bienestar que les quitó en su época de equivocadas decisiones, continúa  con la firme creencia de que es posible un gobierno que los incluya y promueva su protección, continua siendo un animalista arrepentido que con acciones intenta aminorar su “deuda de vida”.