Junín y sus matices

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

Ahora Junín es lo que dejaron: un emblemático pasaje peatonal, un lugar cargado de historia, una historia reveladora de cambios sociales.

Una atmósfera creada por personajes y más de 300 locales comerciales. Un bulevar con mano de obra para el consumo. Algo así como un bazar oriental que alimenta los deseos de compra de los transeúntes. Un sitio con sobras pero renovado.

En el siglo XX fue el eje del comercio. El sitio de encuentro perfecto para todos, para tejer y contar historias.

Una calle escrita y contada que ahora tiene más asfalto y más olvido pero que aún conserva un ineludible bombardeo de colores. Una cacofonía de sonidos. Vendedores que alzan sus voces para ganar la atención. Músicos intentando lo mismo y los indigentes, también.

En Junín se respira lucha. Es caos absoluto. Un caos de colores. Un caos de olores. Es también vida cotidiana. Es aún la calle de muchos para salir a “juniniar”. Para caminar sin prisa por el eje de la antigua vida social de Medellín. Por el antiguo corazón de Medellín.

Junín es un retrato de la vida, un retrato de ciudad. Es el “rebusque” en su máxima expresión. También es, para comerciantes, un contrato con la inseguridad. Un ejemplo ilustrativo del paso de los años.

La mirada se dirige hacia varias direcciones. Un vendedor de minutos. Un vendedor de zapatos. La señora que vende jugos. El niño indígena sentado en la acera con su mamá. El saxofonista que busca monedas. El indigente con mirada afligida. La señora que va de afán agarrando fuertemente su bolso, insegura. El señor de mayor edad sentado mirando al cielo. El que está dormido en una banca. La paloma que busca con ansias las harinas que dejan los que salen de El Astor, etc.

Aquí la cultura palpita fuertemente, a un ritmo acelerado se van evidenciando vidas y personalidades. También se evidencia todo un patrimonio histórico de una ciudad que ha avanzado, ha crecido, ha cambiado.

Junín es una intersección de historias antiguas y contemporáneas. Es un testigo directo de quienes lo han caracterizado y definido, es testigo de emociones, afanes, sentimientos y frustraciones.

Por la noche, es todo un contraste comparándolo con el Junín de antes a esas horas. Hay indigencia. Hay prostitución. Hay horror. Como en todas las calles del centro, cuando el agite del día ha pasado, entran esas situaciones para apoderarse del lugar, para darle ese matiz de penuria que nadie ha podido borrar.

Y es que hay cosas que perduran y otras que se van, pero a Junín, a pesar de sus cambios, nadie le quitará el lugar que tiene en la memoria colectiva de una ciudad que lo disfrutaba y lo disfruta. Una ciudad que recuerda con añoro esas antiguas maneras de recorrerla y sentirla pero que ahora ofrece nuevas alternativas para no dejar de hacerlo y para distinguir sus matices, que van, en el caso de Junín, desde 1940 hasta el momento.

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