Fernando González como un legado multifacético

Por: Alejandra Arizmendi Zapata

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Es preciso comenzar contando quién fue Fernando González, quién fue este tipo del que muchos hablan reflejando su admiración. Fernando González es considerado como uno de los filósofos más originales de Colombia, pero decir que fue únicamente un filósofo es quedarse corto en la definición merecida de este personaje, pues se desenvolvió también como escritor, abogado, cónsul y juez, en definitiva: un hombre muy polifacético, capaz de introducir al lector en sus pensamientos, haciéndolos apasionar y frenar a ratos el ajetreo de la vida. Fernando nació en Envigado el 24 de abril de 1895 y murió el 16 de febrero de 1964 a eso de las siete y media de la noche, cuando un infarto acabó con su vida.

Su espíritu rebelde y único, lo convierte sin duda en un hombre que sirve de referente de la literatura colombiana, un hombre que mediante sus libros rompió todo tipo de esquema de los géneros literarios, filosóficos, sociológicos etc., como decía Carlos Jiménez Gómez en Un camino hacia nosotros mismos: “Fernando González, era extraño a la preocupación de un estilo, inclusive a la obsesión de toda forma literaria y de la misma “literatura”, enemigo de ésta, va hilvanando sus páginas con reflexiones de pensador que piensa cómo los árboles renuevan sus hojas, sin imaginar que hay alguien para quien existe el paisaje, como un verdadero atormentado de todo…” Fue entonces una persona que no tuvo nunca canales literarios establecidos, ¡era tan original, tan inédito! Con seguridad, cualquiera que antes no tenía ningún acercamiento a Fernando González, y comienza a introducirse en su mundo se da cuenta de su escritura “de flujo”, una escritura genial en la que la argumentación, el monólogo y la narración comparten el mismo escenario: esas páginas que permiten al lector encontrarse con su identidad, consigo mismo; así como el mismo Fernando en su libro Viaje a pie, decía: “No aspiremos a ser otros; seamos lo que somos, enérgicamente. Somos tan importantes como cualquiera en la armonía del universo. Todos los seres pueden ser igualmente hermosos.”

Así pues, la mirada del mundo de Fernando González se destacó por ser realmente verdadera, auténtica, trascendente y genuina. Resaltó sin duda por la profundidad de sus escritos, por esa forma de ser y de escribir cargada de humor, de ironía, de análisis e interpretaciones, una peculiaridad beligerante que conmueve y apasiona, es eso lo que genera pensar y leer a Fernando González: pasión, y una energía vital.

A este ícono de la literatura, le tocó vivir en medio de una sociedad caracterizada por situaciones muy importantes y cruciales en la historia colombiana, tales como: la masacre de las bananeras; la danza de los millones; las huelgas petroleras; el tiempo en el que en nuestro país aumentó la deuda pública al dotarse de carreteras, ferrocarriles etc., todas estas situaciones críticas permitieron que el habitar del mundo de Fernando González se basara en la pretensión de dejar a la sociedad ideas y mensajes justos y rectos para la construcción de una Colombia futura, por eso, sus pensamientos plasmados en el papel, se centran en el hombre de este país, en su identidad, su expresión, sus esfuerzos y su capacidad de expresar vitalidad y rebeldía, afirmando que la vida es el valor más grande del ser humano.

Tener sed de justicia, pensar, reflexionar y ver más allá de las cosas es lo que nos permite Fernando González en sus obras; además, se inspiró en Nietzsche para realizar sus críticas a la Colombia tradicional, porque en él encontró a ese predicador de la energía (que es tan fundamental), gracias a él nace en Fernando una concepción del pensamiento como arma afirmadora de la vida, en cuanto a esto, piensa que Colombia es el «comunismo ideológico» porque  carece de ideas propias.

Ese era él, una persona crítica frente a un país devastado por sus conflictos, una persona que pretendió crear una visión orientadora, una esperanza y una invitación a nosotros, sus lectores, a desarrollar un pensamiento que no acepte todas las imposiciones de un mundo que necesita de la capacidad de atisbar a la verdad, la importancia que Fernando le da a ésta se evidencia cuando escribió alguna vez en El remordimiento: “Desde niño estoy buscando la verdad (…) Desde la infancia he vivido meditando, parado en los rincones o al pie de los árboles.”

Vemos pues, que Fernando González, ha dejado un aprendizaje y un recado hermoso, casi mágico. Fue un escritor imprescindible, que supo reflejar su realidad interior sin mentiras ni tapujos; un crítico social difícil de destruir, un educador revolucionario… En fin, esencial.

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